Mochila

He perdido la cuenta de los pasos, de los días y los años.

La encontré en algún punto del universo y desde aquel día hemos avanzado, yo siempre viendo al horizonte, evadiendo todo aquello que obstruya mi camino, trazando senderos sobre la tierra, la luz y la oscuridad cuando no los veo más. Saltando obstáculos, rodeando abrojos, y ella, siempre tras de mí, siempre observando como en un carrusel, subiendo y bajando al ritmo de mi torpe paso. Veía todo aquello que inevitablemente se queda en el camino, siempre en silencio. Seguramente en más de una ocasión, observó algo que yo, en mi caminar deliberada o inconsciente mente ignoré, quizá porque mi vista siempre enfocaba al horizonte, quizá porque puse más atención en ver por donde caminaba en lugar de observar hacia donde nos llevaban mis pasos, y lo que sería la recompensa final.

Seguramente en más de una ocasión, vio todo lo bueno en lo malo que yo ingenuamente vi sin dejar de caminar. No quiero siquiera imaginar la cantidad de cosas que arrojé dentro de ella sin pensar siquiera si quería conservarlo. Tampoco quiero pensar en todo aquello que no guarde por creerlo insignificante. Y que, aun así, seguramente está en algún rincón dentro de ella.

Los pasos torpes, a veces no eran más que la simple inercia que me llevaba hacia a delante. Y tras de mí, ella, fielmente colgando de mis hombros, hacia resonar con cada paso todo ese tesoro que escondía de mí. Había cosas, tantas como estrellas en el firmamento, algunas más valiosas que otras, pero para mí consciencia, eran simples baratijas, cosas que se habían echado ahí por el simple miedo a perderás. Otras, que había depositado hace tanto tiempo y que fueron olvidadas sin remordimiento.

Caminamos juntos desde que la consciencia inconsciente se apropió de mi mente, desde el primer latido, desde el primer suspiro, y pareciera que estamos a punto de separarnos.

Es mucho tiempo ya desde que emprendimos el viaje, hemos llegado al final del camino, y aquí, al borde del universo, mi mochila y yo, tenemos que hablar sobre los pasos que recorrimos, recapitular la infinidad de pasos que avanzamos uno a uno. 

Hace tiempo que llegamos, y aún más es el tiempo en que caímos en cuenta de que inevitablemente tendríamos que sentarnos a hablar en el confín del firmamento. Aun ahora ninguno se ha atrevido a hablar. Quizá sea el miedo de saber que nada ha valido la pena, que hemos guardado un montón de basura. Aunque también al menos a mí me aterra la idea de re encontrar los tesoros que no pude ver en el camino, y que ella, mi mochila, guardó sin avisarme, sabiendo que algún día lo necesitaría, o quizá, sabiendo que con ello podría atormentarme en algún momento.

Así pues, cuando el sol se ocultaba y el manto estelar que se extendía frente a nosotros, tan inmenso y precioso que nos abstrajo en nuestros pensamientos al punto de olvidarnos de nuestra existencia, y seguramente también, nos habríamos olvidado de respirar.

Entre suspiros dijo, — Me alegra al fin poder ver lo que viene. — y hablamos un rato.

Cuando al fin el sol se ocultó tras las estrellas de una galaxia cercana, uno a uno, ella, fue sacando de si un montón de recuerdos, imágenes, y las cosas que llevaba dentro. Algunas las recordé al instante, yo mismo había decidido guardarlas, otras, más de las que quisiera reconocer, las guardo deliberadamente, posiblemente sin afán de utilizarlas para la tortura.

—Creí que te gustaría ver esto otra vez – Dijo desinteresadamente, con un dejo de vergüenza en sus palabras.

Y me mostró, todo aquello que no vi tras mis pasos. Me mostró las lágrimas que se derramaron por mis actos, las sonrisas que se escaparon tras mis palabras, el dolor y sufrimiento que mí, nuestra partida causaba al emprender de nuevo el viaje. 

—Yo nunca pude ver el camino por el que nos llevabas, tampoco pude decidir lo que dejabas detrás de nosotros, pero guarde todo lo que dejabas, aquí, dentro de mi llevo todo aquello bueno, y lo malo que nuestro caminar iba dejando.

Al final, las estrellas brillaban frente a nosotros, la oscuridad nos hizo uno con ella, y todo fue tan oscuro que la consciencia de la existencia se perdió, y ahora, sólo, me convertí o nos convertimos en parte de ella, o unas de ellas.








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