1-Retaguardia

Ay de mí que siempre voy pisando sobre las espinas, caminando instintivamente, buscando donde derrochar mis sentimientos. 

Yo camino a tientas, intento seguir el instinto criminar que me hace creer que hay luz donde el sol ni siquiera ha salido, donde las espinas y abrojos me lastiman con cada paso y la oscuridad me abraza. 

Pobre de mí que siempre voy al frente, exponiéndome al maltrato, al sufrimiento, a quedar desvalido por la traición del enemigo.

Dichoso tú amigo mío, que desde la retaguardia siempre estás tranquilo, planificando, enviando ordenes y señales, aunque la mayoría,  de sentido común, a veces no tengan ni mácula de claridad.

Tú, compañero inquebrantable, deberías cuidar mi camino, guiarme con certeza, y que, aunque la luz no veamos, me hagas confiar y avanzar sin titubeos.

Ya quisiera yo estar en tu lugar, pensando, planificando, imaginando miles de escenarios y que en todos ellos ganemos la batalla.

¡Pero no!, a mí me toca ir al frente y luchar por ti; al final, el daño es solo mío. Y tú, sales librado diciendo que a veces, las cosas no son lo que parecen ser, o que las relaciones humanas son complejas y complicadas.

Y yo, abatido siempre, solamente agrego un golpe más, al corazón.






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