6-Hábito

Y un día, sin más que lo efímero de la mañana,
me di cuenta de lo automatizada que se me volvió la rutina.
Sin pensarlo mucho, observé que el habitual café de la mañana había dejado de hacerse y de beberse.
Quizá porque dejó de saber, quizá porque esperaba que tu esencia se me escurriera en cada sorbo.


Me habitué al mismo camino entre el reino de los sueños y la salida al mundo.
Pasando sin reparos por los senderos entre la habitación y la puerta,
esquivando quizá y apenas, los abrojos que en el suelo buscaban clavarse en mis pies.Evadiendo las garras que intentaban retener mis aspiraciones, mis ganas, ganas que buscaban frenar mi ímpetu.


Acepté y normalicé el rígido movimiento que queda al despertar a un cuerpo aletargado.
Me habitué a que las piernas se arrastraran.
A que los brazos colgaran casi inertes.
Se me volvió un habito pelear entre mantenerme erguido y dejar que la cabeza caiga.


Se me volvió un hábito, observar cada atardecer,
buscar en el firmamento el refugio esperado.
Se me hizo habito imaginarme perdido en lo arrebolado de un cielo tardío.





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