Pu-erh

Tanto tiempo intentando escapar del sabor sólo es el reflejo del miedo que tengo a tu recuerdo. El pavor que provocan en mí todos aquellos recuerdos, tus sonrisas, el aroma que de ti se desprendía. 

La tristeza de que regresen tan vívidos, como si el tiempo se hubiera congelado en aquel día y pudiera, en mis pensamientos vivirlo una vez más.

Intento ocultar el deseo de recordarte, intento no ver las cajas apiladas, pero, simplemente ver la palabra, con la imagen de la hierba teñida con el color de tu cabello en aquellos días, es suficiente para que venga a mí un solo pensamiento, el sonido, un aroma, y que la duda se quede conmigo por días.

Y, ¿cómo es que puede doler tanto una verdad?, serán las simples palabras utilizadas, o el cantoneo de los labios al pronunciarlas y terminar con una sonrisita tímida.

Quizá, sólo sea idea mía el miedo al sabor, porque haría falta el ambiente correcto para traerte devuelta, y sentirte presente, aunque vivas escondida nada más en mis recuerdos.

Respiro profundamente el aroma de los sobres y tu diminuta figura, a comparación de la mía, se vuelve inmensa, gigantesca, tan grande que parecieras romper el contenedor donde tu recuerdo vive, tan amenazante que el difuso sonido de tu voz, podría quebrantar mis sentimientos.

Hoy bebo, como quise beberte, lento y de a poco, esperando que no termine la taza hoy como aquella mañana.

A mis manos les ha faltado el candor de las tuyas, delicado y escurridizo como el vapor que se escapa y se funde con el aire.

El sabor dulce y acaramelado lacera mis labios recordándoles que nunca pude probar los tuyos, suaves, delicados y cálidos como el agua teñida que hoy bebo. Un agua, que, con su color, me recuerda al cobre que llevabas en ti mientras te veía alejarte hacia donde el al atardecer resguarda al sol.

El agua hoy tiene un gusto amargo, se me ha pasado el tiempo, y me recuerda lo amargo de tu adiós. 



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