Monarca
Con un travieso vuelo regresan ya las mariposas, esas que, con el negro y el naranja en sus alas, viene a traernos montados sobre su cuerpo, a aquel o aquella que en algún momento tuvieron que abandonarnos. Sobre ellas viene aquel padre, la madre, el hermano de quien quizá, ya hubo una despedida, en sus antenas se sostienen las manos del amigo, la pareja el hijo que en algún tiempo nos acompañó, y que tuviera que separarse a perpetuidad.
Se cree que en el naranja de sus alas y las franjas que en ellas se dibujan, están las puertas a los parajes celestiales donde ellos esperan por nosotros. En sus alas portan los destellos de la luz, la misma luz que aquel que viene montada en ella, quiere entregarnos.
Con su vuelo juguetón nos rodean, van, vienen, nos ilusionan y se despiden. ¿Cuánto costara que pudieran hablar?, ¿cuán difícil será que nos digan quien viene sobre ellas?
Sé que no volverás, pero confió, en que una de ellas, te trae cada otoño. Te espero con ansia, la fecha está cerca, y aunque no puedo verte, aunque sé que no puedes, ahí estará la ofrenda que tu memoria me inspira a crear.
Hoy confió en que el dolor que siento en el corazón no es por tu ausencia, mi tristeza nace al reconocer que, aunque estás aquí, realmente no puedes estar. Que, aunque me observas y quizá me abrazas, sentirte no puedo. Y es que ese calor inexplicable que viene a mi cuando tu recuerdo se cruza por mi mente, no reconforta como quisiera, o como creo necesitarte.
Hoy, quiero demostrarte que soy fuerte, que el ímpetu de resiliencia en mi es más grande que todo aquello que me mantiene oprimido, que aquellas cosas que simplemente someten a la mente y me borran las sonrisas. Hoy quiero que veas, hasta donde he llegado, hasta donde me llevaste, porque sí, fuiste parte del proceso, y lo que ahora soy, es un reflejo de lo que fuimos en algún momento.
Hoy te confieso que la oruga que dejaste en el camino, está en proceso de desplegar sus alas, pero el cambio no es fácil. Duele existir, es difícil avanzar, y entre tanto y tanto que sol a sol hay que aguantar, a este punto, la jornada pesa tanto que el letargo es el único deseo. Pero, aun hay una misión, hay que seguir aguantando hasta el final.
Hoy, apagado y sin sentimientos quiero desaparecer, parar el mundo por instantes y poder renacer. Como el fénix, que arde antes de regresar, yo quiero desaparecer, que nadie me encuentre, quiero paz. Quiero tiempo para encontrarme, tiempo para mejorar, tiempo, para sanar, y sin embargo el ritmo humano no lo permite, pero confío que aun con el traje de humano, puedo ser quien quiero ser, y no solo ser aquel que debería ser.
Quiero que veas mis alas, aunque para ello primero deba ocultarme, pensar en mí, en lo que quiero y lo que voy a ser. Sabes, quizá suena egoísta para los que me acompañan, pero, a veces, ni siquiera yo sé lo que quiero para mí, o lo que puedo ser para los demás.
Me cansé de ser quien sirve de faro para el perdido, intentando encontrar una luz que me guie en el camino, hacia mí.
Perdido he navegado sin norte, sin guías, como el vuelo errante de la mariposa, he navegado sobre las aguas impasibles. Subiendo y bajando, de izquierda a derecha, a veces dando vueltas, a veces dando tumbos, pero siempre, buscando a donde llegar, tratando de encontrar mi lugar, buscando, el hogar.
Hoy, que la veo, se que estas cerca, que ya vienes, y que, aunque no puedas compartir conmigo el alimento que te ofrendo, aquí estas, pura y sinceramente, aunque verte no pueda, aunque tocarte no se sienta, aunque tu aroma, solo viva en mi imaginación.
Hoy quiero que sepas, que quiero seguir a la deriva, intentando encontrar el puerto al que pueda llegar y que sea el lugar en el que quiero estar, que la comodidad se implante en mi ser, y no tener que fingir más.
