Alas Marchitas

Con las alas marchitas y llenas de agujeros, hoy emprendes los vuelos más erráticos de tu vida, los últimos que te quedan.


Te noto revoloteando con paciencia, tranquila, con el mismo ímpetu que en juventud batías tus alas, decididas, fuertes, aguerridas; con ese mismo vuelo errático que te lleva y te trae buscando donde posar tus patas, y extender tu trompa para encontrar el dulce néctar que te da vida.


Hoy, tus horas de vuelo están por llegar a su fin, y sin embargo, las usas, las malgastas, o las desperdicias, como quiera que otros quieran verlas, intentando dejar tu huella en el mundo.

Hoy te veo usando tu energía, quizá la última, intentando hacer que tu existencia no haya sido como tu vuelo, efímero.


Te veo buscando una a una, la mejor hoja, la más cubierta, la más sana, aquella que primero dará cobijo a tu descendencia, y que después, al nacer, cuando tú ya no estes, le de alimento. Y pueda así, con los primeros bocados, fortalecerse, crecer, y que en su inconciencia nunca sepa del esfuerzo que depositaste buscándole un hogar.


Y la naturaleza le hará un llamado, como lo hizo contigo, recorriendo miles de kilómetros buscando llegar a casa, y que, por algún mal azar del destino, te trajo a la mía, encontrando un refugio, encontrando el alimento preciado que, al menos, te permita vivir hasta que tu misión sea completada.


Algunos dirán que quizá tu visita me trajo entre tus alas, la visita de algún ser querido que no esté ya entre nosotros, y quizá sea cierto, pues hace días que no sale de mi mente aquella que se fue.

Otros dirán que simplemente es la naturaleza siendo ella, y que no habría nada de especial en tu presencia, pero.


A mí me gusta creer que llegaste para recordarme la importancia de esforzarse, aunque nadie vea el intento, aunque nadie note el dolor que se oculta, que a nadie importe y aunque quizá nunca nadie sepa apreciar que se haya dejado la vida, por preservar otras.


Y te reprocho de alguna forma que hayas venido hoy, pues mientras yo pretendía hacer algunos cortes, quitar lo que ya no sirve, y eliminar aquello que solo era una absorción de vitalidad sin que hubiera alguna recompensa. Vienes tú, y con tu pequeño acto haces que desista de mi plan.

No por lo que yo hubiera querido, sino porque, así como tú te esfuerzas por mantener tu vida y que los tuyos puedan vivir, ahora así debo dejar todo aquello, como esta, sin cambios, pues quizá, entre una de esas tantas hojas, ramas, flores y quizá hasta espinas, hayas dejado vida latente esperando a emerger.


No puedo cortar tu esfuerzo, no puedo hacer que tu vida haya trascendido en vano.


Hoy, cuidare de tu fruto, hasta que en algún momento y quizá sin que me dé cuenta, un día, simplemente extiendan sus alas, y sin saber a dónde deben ir, simplemente emprendan un camino errático, y en un vaivén, lleguen a donde tu ya no pudiste llegar.




Entradas populares de este blog

Lucy, la luciérnaga sin luz

Otoño

1-Retaguardia