Tres enamorados


Hubo un tiempo en que la palabra amar significaba mucho más que simplemente reconocer un sentimiento, amar era mucho más que sentirse profundamente enamorados o sucumbir a los placeres platónicos que algún filosofo descifró en tiempos donde amar significaba silencio y fe ciega en las decisiones del otro.

En aquellos días amar significaba seguir los cánones sociales, respetar los acuerdos paternales destinados a incrementar el poder político, económico o la imposición social que el estatus quo dictara. Otrora, amar implicaba seguir silenciosamente los caprichos y peticiones del más poderoso, amar, significaba dejar de sentir, abandonar el sentimiento natural y existir haciendo lo que tocara hacer.

Ayer, amar significaba aceptar un sentimiento incluso antes de nacer, y alimentarlo sin ganas para que llegado el momento, el cariño, el afecto, el deseo; el amor puro, se entregara a quien apenas se conociera. Significaba hacer una entrega total hacia quien apenas era un conocido.

Luego, las revoluciones nacieron, los tiempos cambiaron y las mentes evolucionaron. En aquellos días, era fácil amar a quien quería amarse, era permitido decidir con quien abrir la caja de los sentimientos para que libremente pudiera escudriñar y tomar el que más le conviniera o el quisiera, o necesitara. Amar entonces significaba sentir libremente, decidir a quién entregar el sentimiento, y aunque naturalmente muchas veces ese sentimiento se obligara a reprimirse, o a que con el paso del tiempo la llama que lo mantenía cálido se apagara. Al menos quedaba el saber de haber amado a quien se amó.

El tiempo nunca se detiene y avanza a paso firme y constante, ahora, siglos después, amar representa lo efímero de un sentimiento fugaz, arraigado por el miedo, mantenido por qué es lo socialmente correcto, hoy, amar significa entregarlo todo tan rápido como se pueda, esperando sea un momento fugaz y que pronto, como polvo cósmico que arrastra el viento en la inmensidad, pueda cambiarse por un nuevo sentimiento, un nuevo amor, una nueva persona. Hoy amar no significa lo mismo, y sin embargo, sigue doliendo de la misma forma, sigue representando el mismo miedo a la soledad. Amar hoy es amar y nada más.


Enamorado uno

Él era un ente de aquellos que se pre destinan a ser libres, puros y sinceros, de aquellos destinados a hacer que el mundo se mueva por ellos y con ellos. Había vivido siempre cauteloso al amor; le habían dicho que ese camino era peligroso, y que a veces, podía ser como una montaña rusa, lleno de emociones que van y vienen. Un viaje, que al igual que el vagón del convoy, debía recorrerse en pareja, uno a uno, con alguien como acompañante.

Estudioso de la literatura, aprendió a descifrar las curiosidades que amar a alguien implicaba, aprendió sobre el juego que marcaba puntos para los sentimientos. Estudiar el comportamiento humano, le enseño a utilizar el romanticismo a su favor.

Deliberadamente, él, aprendió a encaminar los sentimientos, sutilmente, los gestos y actos aprendidos orillaban al Corazón que pretendía amarlo a liberar su más puro sentimiento por lo bien que le hacía sentir.

Él, sinuoso aprovechaba la noche para que, bajo la luz de la farola, tenues y amarillentas, las palabras estudiadas, memorizadas y plenamente calculadas, fueran conduciendo a los cálidos y blandos sentimientos de su amante para encabritarle el Corazón, para hacer que, en el pecho, las emociones se desbordaran y terminaran derritiendo cualquier frio cristal que contuviera a salvo al Corazón.


Amarte cariño mío, se siente como una dulce agonía, por las noches espero que el firmamento te traiga hacia mí, por las madrugadas reprocho a la luna, ella puede verte dormir. Reclamo a tu almohada por poder soportar el peso de tu sueño. Reclamo al aire que entra y sale de ti a placer. Protesto contra las ropas que pueden ceñirse a tu piel, al labial que marca tus labios, al baso que besa tu boca. Reprocho a la vida que aún no me permite estar libre mente junto a ti, para ti.

Y tú, recargada en mi pecho dejando que tu mente se vacíe, absorta de un amor que quiere tomar todo de ti, te refugias en mi calor. El aroma de tu cabello que se escurre hasta mis sentidos, la calidez de tu piel con el roce de mis dedos, tan cercana, y al mismo tiempo tan distante de mí. Amarte duele sordamente como el dolor que la despedida deja, amarte duele como el sentimiento de no saberte totalmente libre para mí, para nosotros.

Conscientemente aprovechaba las palabras que con cierta malicia se escapaban de sus labios. Él, inteligente aprovechaba las palabras para derretir el Corazón de su amada, y que ella, sin pensarlo sucumbiera a sus peticiones. El abrazo era jaula para que no se le escaparan las mariposas que revoloteaban en el vientre, el beso, era sello para que las palabras no escaparan e intentaran derribar las barreras que se había auto impuesto, intentando contener sus propios sentimientos.

Las caricias eran moldeadoras para contener justo lo que quiera el que se sintiera.

Dueño de todo aprovechaba el conocimiento para enamorar, para que quien tuviera enfrente, pudiera enamorarse y entregarse de una manera total. Él aprovechaba la palabra para crear sentimientos mientras el Corazón se llenaba de ilusiones.


Enamorado dos

Él, enamorado, se dejaba llevar por lo que el instinto le decía. Pasaba los días soñando entre sueños, soñando despierto, vivía sintiendo lo que quería sentir, se sentía libre de amar, de gritar, de llorar todo aquello que le regalaban, vivía el sentimiento puro y sincero del abrazo, del beso y de la palabra.

En él la malicia no existía, si había que emocionarse se quitaba la cadena y se permitía sentir con locura. Si había que llorar, tranquilamente dejaba que las gotas cayeran de sus ojos.

Si había que gritar, pedía aliento al pulmón para que su voz resonara más alto.

El, había aprendido que el amor a veces es más doloroso de lo que debiera. Había aprendido mostrar sus sentimientos sin ataduras, a besar cuando tenía ganas, a abrazar cuando las nubes flotaran sobre alguien más, él, sabía que amar era sacrificio, era dar más de lo que se recibía, era consciente que amar lastima, que hiere, que duele y que no se domina.

Para él amar era el sacrificio de silenciar deseos para impulsar los del otro. Era consciente que ser amado, era un reflejo de sus intentos. Creía con la vida que, si amaba lo suficiente, y se convertía en banco para el descanso, sombra para la compañía, payaso para las sonrisas, el también recibiría lo mismo. 

Sus ilusiones nacían y crecían con cada nuevo amor que encontraba a su paso. Cada uno de ellos era una nueva oportunidad para sentir, para crecer, para amar y ser amado, pero, al paso del tiempo, la modernidad mostraba lo efímero que el sentimiento resulta, y lo agobiante que es para otros sentir tanto afecto, sentir la pureza de un sentimiento.

Y aunque amara con locura, con sinceridad, al poco tiempo era lastimado, y volvía a su cauce con las lágrimas enjuagando sus maltrechos pasos llenos de dolor, ira contenida, la rabia por no sentirse suficiente. Manchados con la sangre derramada por las ilusiones que fueron mancilladas.

Solo, en silencio intentaba siempre curar las nuevas heridas. Intentaba ignorar el dolor que la desilusión provocara.

Intentaba consigo mismo rellenar los vacíos que el adiós dejaba llevándose a su paso la ilusión de las palabras, las caricias y los abrazos que se sentían puros y sinceros, pero que eran producto del juego del otro que pretendía utilizar todo cuanto pudiera en pos de obtenerlo todo, enamorando sin sentirlo. Viviendo sin vivir.

Oh amor mío, veo ahora que eres tú la única razón de mi existir, tu voz me deleita, tu suspiro me alienta, tu latir, me sincroniza. Amarte me acelera cuando tu voz me busca. Sentirte me detiene cuando tu piel toca la mía. Me pasmo cuando tu aroma me inunda. Pensarte me mantiene en el camino.

Cuando te acercas no se de mí, y cuando te alejas me enfrió. Te necesito para seguir, pero si estas lejos te quiero más.


Enamorado tres

Él, consciente del posible abandono, de la inminente mentira, del dolor y la tristeza venideras, aceptaba siempre volver a sentir, 

Por su parte, el último era quien más sufría. Él, escuchando más allá de la palabra y sintiendo más que el sentimiento podía ver la pureza del otro, podía sentir más de lo que se podía permitir de forma consciente.

Él, dejaba que todo su ser se entregara en pos del bien amado, ciego al dolor, sordo a la palabra, inmune al tacto simplemente se permitía la conexión etérea con su ser amado. Ignoraba la maldad, recordaba el tiempo en que fue feliz. Aceptaba si destino, mientras durara.

Se fundía en un abrazo, se mezclaba en el vaivén de las palabras. Se entregaba pura y totalmente, sin malicia, sin rencores, sin esperar el dolor.

El, solamente se entregó al sentimiento una vez. Creyendo que lo seria todo, entrego su vida entera por amar a alguien. Esperando devuelta, nada más que un cariño sincero. A él no le importaban las palabras, las caricias le eran alimento, las conexiones le daban vida. Amar y sentirse amado era su único propósito, incluso si no lo amaban como él lo hacía, nada importaba, su única misión era entregarlo todo. Su alimento las sonrisas, su virtud la alegría.


Te entregare amada mía todo lo que soy, lo que fui, y lo que puedas hacer que sea. Cariño mío, tómame o desécame como quieras, pero permite que sea tu sonrisa lo último que vea, que tu voz me encamine a mi destino y que el destello de tus ojos, sea la luz que me guie cuando me pierda. Que tu beso se vuelva mi alimento y tu pecho mi refugio. Deja que tus manos sean cadenas y tu abrazo jaula.

Cariño mío, déjame ser de ti lo que quieras tu.

Él, solo se permitía amar una vez. Con el riesgo de perderse por siempre, o brillar por la eternidad.

Pensaras que era cauteloso entonces, pero la verdad es que era, de los tres el más escéptico, y aun así, el primero en caer cuando su conexión era la correcta.



Una noche, los tres se reunieron bajo la luz amarillenta de la farola.


¡Tonto!, ¡me has herido! — sollozaba el Corazón.

¡Tonto tú!, que me has creído — decía el Pensamiento con aire arrogante.

Creí en ti, y me ¡mentiste!, ¿por qué eres así de cruel?

¿Cruel? ¿yo?, ¿te das cuenta de que solo te dije lo que querías escuchar?, ¿Qué te di lo que quisiste? Y tú, solo sentiste lo que quisiste sentir.

Eres cruel — la voz del Corazón sonó casi muda.

No soy sincero eso es cierto, pero cruel tampoco, ¿te divertiste no es cierto?, sentiste mucho, ¿o no? Sentiste que te amaron con locura ¿no es cierto? — por su parte, el Corazón entre espasmos intentaba contener el llanto que anunciaba el suicidio de lagrimas aventureras. 

Es cierto que me hiciste sentir como nadie lo había hecho, pero porque tenías que lastimarme así, yo te ame sinceramente y tu…

¿Te mentí?, ¿te utilice?, ¿te rompí?, no me acuses en falso, yo solo hice lo que tu querías que hiciera, es tu culpa sentirte así, es tu problema si ahora te sientes roto.


Alma, por su parte, solo se limitaba a sollozar, intentando cubrir su herida, intentando que nadie se diera cuenta de su dolor


—Míralo a él también, se atrevió a sentir sin consultar, sin analizar, ya hora mira, ni siquiera puede moverse. No los entiendo a ustedes dos, si ya los han lastimado tantas veces, como es posible que sigan cayendo en el mismo juego.

Véanse inútiles, los dos llorando por lo que según ustedes hice. Y me reprochan ahora, cuando solo les di lo que quisieron, cuando los hice sentir lo que querían sentir.

No me decías tú, tonto Corazón que te recitara poesía.

Y tú, tonta alma, no me pedias que te llevara a los lugares donde conectaríamos y te hiciera feliz estando solos, ¿dónde la inmensidad pudiera contenernos?

Vamos, no sean tontos, a los dos les di cuanto querían. Ahora, simplemente quiero irme, ustedes ya no son lo que quiero para mí.

—Pero te aprovechaste de nosotros— dijo el alma sin levantar la mirada ni sostener su herida.

—Yo no me aproveche de nadie, ciegos ustedes que no vieron que solo lo hacia porque era lo que querían y pedían, fueron felices, no pueden reclamarme nada.

—Pero ve ahora como me dejas, no vez que la herida es grande, ¡duele! Y note importa, nunca te importo ser mi complemento. ¿Qué fui para ti?

—¿Ser?, déjate de tonterías, ninguno fue nada, ambos solo fueron lo que fueron y ya, no voy a negar que llegué a tenerles aprecio, pero ninguno de los dos fue lo que quería, y ahora es tiempo de seguir adelante, de encontrar nuevos aires, de amar a alguien más, de ustedes ya obtuve lo que quería, ahora no me sirven de mucho, al contrario, son una carga, tú con tus sentimentalismos, y tu con esa forma de hacer parecer que todo estaba conectado por hilos invisibles. Me dan lastima, vean como se ponen por no pensar, y dedicarse solo a “sentir”. Si pensaran antes, nadie podría las timarles, si fueran conscientes sabrían como son las cosas, y manipularían antes de ser utilizados.

—Eres cruel Pensamiento, yo te ame de verdad, eras mi motivo para latir, me volvías loco con tus palabras, tu calor me reconfortaba y me calmaba. Me hiciste soñar, y ahora me dices que todo era resultado de una estrategia. ¿de verdad solo jugaste conmigo?, ¡Dímelo! ¿Quiero oírlo de ti!

—Y que ganaras mi estimado, Corazón. Acaso crees que escucharlo ¿hará que no duela?, acaso piensas que si lo digo ¿me sentiré culpable?

Sollozando, el Corazón, cada vez más herido solo intentaba contener una rabia que se disfrazaba de confusión, intentaba volverse ira, pero que solo pretendía imaginar que las palabras escuchadas fueran mentira, o parte de un horrible sueño.

El alma, por su parte, silenciosa intentaba cubrir su herida, intentaba ocultar el daño que le habían hecho. Herida, solo intentaba recordar el momento en el que todo se delatara, quizá, intentaba culparse por haber creado, por haberse entregado, posiblemente intentaba reclamarse el haberse permitido sentir.

Pensamiento, arrogante, se jactaba de haberlos hecho caer, que sus métodos eran infalibles, y que podía enamorar a quien fuera con trucos baratos. Malicioso, Pensamiento se aprovechaba del dolor que el Corazón o el alma habían sentido por culpa de otro amor que se hubiera aprovechado y los hiriera.

—Saben mis queridos, ustedes con su sentimentalismo nunca quisieron ver que los regalos, las palabras, y todo aquello era únicamente porque quería hacerlos sentir felices y después obtener lo que quería.

¡Corazón!, ¿no te derretías con mis palabras? — con lágrimas cayendo al alzar la mirada, solo asintió, —sabes, tardaba quince minutos en memorizarlas, y siempre caíste en ellas.

¡Alma!, tus supuestas conexiones emocionales, no eran más que intentos por poder poseerte. Admito que era frustrante tener que hacer todo un ritual que a veces tardaba días, para poder probarte unos minutos.

Vamos queridos, no se sientan mal. Seguramente habrá por ahí algún iluso como ustedes que sienta las mismas tonterías, quizá, con ellos sean felices, pero a mí ya no me satisfacen.

Alma y Corazón vieron como Pensamiento se alejaba de ellos, con una figura desdibujada por el agua acumulada en sus ojos y que amargas caían en acto suicida por sus mejillas.

Corazón por su parte, aprendió a desconfiar de nuevos amores, a veces, intentaba encontrar la maldad donde simplemente existía la pureza del sentimiento. Al final, la desconfianza que mostraba terminaba por alejar al otro corazón que quería compartir los días con él. Prohibiéndose amar nuevamente.

Alma, en cambio, se aisló totalmente, decidida a nunca más amar, conservo todos los recuerdos que para él lo habían sido todo. Ingenuo o no, había pegado cada fragmento de sentimiento que había tenido aquella vez y paso el resto de sus días añorando el pasado, suspirando por lo que dejo de ese una conexión especial.


Pensamiento, en su camino, siguió actuando sinuosamente enamorando a cuantos pudiera, alimentando su ego, haciendo que lo idolatraran, y cuando todo estaba construido sólidamente, fracturaba todo con unas cuantas palabras y remataba una a una hasta que todo se venía abajo, aplastando al pobre de Corazón, y al ingenuo de Alma. Siendo así, como el amor nacido en el pensamiento suele actuar con alevosía, tratando de aprovecharse de cuanta palabra escuchara, de los sueños mostrados, de los miedos que se ocultan, aprovechando las oportunidades para herir, para someter, aprovechando el momento para convertirse en victimario y robar sueños, esperanzas y deseos.









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