Canción del viento

Nunca te vi, y sin embargo siempre supe que estabas ahí.

Nunca pude tocarte, pero siempre puede sentirte.

No pude ver que te acercabas, pero siempre sentí el aroma que arrastrabas con tu paso.


Se que no tienes voz, pero pude escucharte.

Y entendí que no tienes forma, pero siempre etérea, estás presente.


Vi que te ocultabas entre las hojas de los árboles.

Te encontré corriendo por los llanos envuelta en polvo.

Vi que corrías por las praderas, jugueteando con la hierba.

Sentí tu azote cuando el agua obedecía tu voluntad.


Escuché tus susurros en mi oscuridad, cuando por las noches tu vaivén cumplía tus antojos.

Escuché tu llanto, cuando impasible buscabas refugio.


Te sentí en tu ausencia, te extrañé estando presente.

Y me arrullé con el siseo  de tus juegos entre las hojas.


Siempre estuviste dentro de mí, aunque algo dentro de mi mente no quería que entraras.


Sentí tu calor cuando el frio se me escapaba desde el corazón.

Sentí tu frialdad cuando la mente enardecía.

Me empujaste silenciosamente cuando el miedo me petrificó.

Y nunca te vi, para poder agradecerte.


Hoy te cuelas entre las ventanas que me resguardan.

Silbándome como si reclamaras mi letargo.

Esta noche, siento el gélido abrazo que traes cuando la ausencia se vuelve tu esencia.


No sé a qué hora has llegado, como seguramente no sabré a qué hora te irás de mi lado.

El tiempo, contigo o sin ti se me ha vuelto relativo, y solo reconozco los días cuando el estómago se me hace chico, implorando expulsar lo que aún no ha entrado


La noche, el día, la tarde y la mañana se me hacen lo mismo intentando encontrarte.

Esperando sentirte.

La voz, se me ha escapado, pero no en el escape que intenta gritar.

Se me ha ido, en el silencio, el mismo silencio que casi siempre hay en ti.

Ahora, aquí, en esta altura vertiginosa estoy esperando a que acudas en mi rescate.

Que tu susurro me haga saber que abrazarme en ti no es una solución.

En la cima del mundo, espero, que tu ausencia, o que tu presencia dé el empujón necesario para atreverme, para saltar y flotar.

Aunque mis pecados me anclen al suelo.


Espero en ti encontrar la libertad que necesito, que me lleves en un vuelo eterno, y etéreo.

Libre de mis cadenas.






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