No confío
No confío en la gente feliz porque parecen estar adoctrinados a estar siempre sonrientes, a ver siempre que en sus días hay un sol radiante, brillante y luminoso, porque pareciera que nada y nadie puede ejercer control sobre lo que sienten, piensan.
Porque pareciera que creen que pueden decir siempre lo que quieren y cambiar mágicamente los pensamientos y sentimientos de aquel que pareciera tener sentimientos puros, sinceros y francamente hostiles.
No confío en la gente feliz porque siempre están buscando la forma de decirte “ánimo”, aunque sus palabras se sientan vacías, aunque sus sonrisas les den un aire manipulador a sus palabras. Porque pareciera que siempre querrán que formes parte de su séquito, un inquietante séquito que, aunque se quejen y suspiren pesadamente, intentaran siempre cargar una sonrisa.
No confío en la gente feliz porque parecieran portar siempre la máscara en el rostro que intente ocultar su verdadero sentir, que esconda el dolor en sus pensamientos. No confío en ellos porque, nadie puede pasar el día sonriendo.
¿Qué cargan en su pensamiento?, ¿Qué sienten en su corazón?, ¿No les duelen las mejillas por tanto sonreír?
No confío en la luz que intentan irradiar, ¿Qué o quién paga la factura de su luminiscencia?
No confío en la gente feliz, pero quisiera ser como ellos.